Este verano la agencia de inmersiones educativas en el extranjero Say Languages quiso contar conmigo para acompañar durante dos semanas a 16 niños y niñas de entre 9 y 14 años. Disfruté muchísimo de esta experiencia ya que me gusta que los niños aprendan el inglés a través de actividades y juegos.
Me hizo mucha ilusión recibir esa llamada ya que cuando era niña yo también fui durante 7 veranos a Irlanda y es una experiencia que nunca olvidaré. Tengo muy buenos recuerdos de los monitores y profesores que nos acompañaron durante esas semanas y poder ejercer de lo mismo para otros niños y niñas era algo que realmente me alegraba.
Sin lugar a dudas di lo mejor de mí misma, intenté aportar a cada niño algo que fuese valido para ser mejor persona o simplemente que tuviesen la confianza de poder sentirse seguros de contarme cualquier preocupación que tuviesen. Se que la adolescencia es una etapa complicada y tratar de empatizar con ellos fue algo que me sirvió para que de alguna forma me viesen como alguien que de verdad les valoraba y les comprendía.

Soy voluntaria como monitora de tiempo libre en las colonias organizadas por el ayuntamiento de Portugalete.
Cuando me surgió la oportunidad de ser parte del grupo Aurrerantz, me pareció una buena idea para tener algo que hacer durante las mañanas del verano. No me esperaba que esta actividad me fuese a cambiar tanto como persona. Me pareció buena idea para socializar con gente de mi edad y compartir momentos divertidos. Y sí, he conocido a mucha gente pero también he descubierto mucho más.
A lo largo de este tiempo, he conocido muchas familias en situaciones muy diversas y familias que verdaderamente nos necesitan. Ya no solo para que el niño esté entretenido durante el verano, sino que hay muchas familias que no tienen con quien dejar a sus hijos mientras ellos trabajan y no se pueden permitir pagar unas colonias que no sean públicas. Detrás de cada niño hay una situación familiar, una historia que a veces puede llegar a ser compleja , estas situaciones son las que te hacen darte cuenta de que debemos valorar nuestra vida y a las personas que nos rodean mucho más. Observar, hablar con los padres y empatizar con ellos me ha hecho entender que nosotros los monitores tenemos un roll que va mucho más allá de jugar.
Los niños me hacen feliz. Son pequeñas personitas que no te juzgan. Da igual que metas la pata, ellos te van a perdonar, porque para ellos tú eres súper guay. Y eso es lo que hace que aunque los días acaben siendo agotadores recuerdes que son niños y que una infancia llena de recuerdos bonitos lo van a agradecer toda la vida.
